Il·lustració: Paula Bonet 

Bella. Bello tu yo de ahora y tus yos de ayer y de mañana. Bellos tus labios carnosos y oscuros o finos y blanquecinos. Bella tu cintura estrecha y huesuda y bello tu vientre curvo y blando. También el tuyo, firme y casi cóncavo. Bellas tus manos tiernas y suaves y las de ella, esbeltas. ¿Qué quién soy yo para decirlo? La una que siempre es una y que mira a la otra. He decidido atreverme a decir lo que es bello, porque veo que todos lo hacen. ¿Ah, que no te has enterado? ¿No los has visto? Están por todas partes, los llaman CÁNONES, cánones de belleza.

El canon es el límite

Los cánones definen y limitan la belleza, establecen la frontera entre lo “bonito” y lo “feo”. Se acaban convirtiendo así en fuente de verdad y (pseudo)conocimiento social. Van más allá, llegan a la persona. Se cuelan en sus ojos y establecen filtros en su concepción del mundo. Y marcan la mirada sobre una misma, la percepción del propio valor. Entiendo la belleza como un concepto expansivo, amplio, sin una forma única de manifestación. Es, en cierto modo, incontrolable, porque se desarrolla sin un patrón determinado. El canon es, en cambio, el límite. Empequeñece el concepto de belleza hasta convertirlo en una simple conjunción de variables, un cálculo matemático. Deja de ser inclusivo para ser excluyente, un elemento de segregación social y no de cohesión. Hace predecible la belleza, porque marca de antemano que condiciones debe cumplir algo o alguien para ser bello. No hay sorpresa cuando se establece un molde fijo, rígido, inamovible por el cual debes pasar si quieres ser bella.

El canon empequeñece el concepto de belleza y lo hace predecible

No es cosa de ahora. No hubo otros tiempos mejores, porque siempre, en todas las épocas de nuestra historia, han existido unos determinados estándares de belleza. En parte es inevitable que surjan tendencias sociales, valores colectivos que acaban definiendo los valores individuales. Eso no lo podemos controlar y tampoco podemos culpar a nadie por ello. Pero si que podemos decidir fomentar estas premisas o, por el contrario, dejar que sigan su ciclo vital sin poner sobre ellas el foco. Con su ciclo me refiero a la volatilidad de estos valores estéticos, que nacen, viven como si fueran absolutos durante cierto tiempo, y mueren sin que nadie se de cuenta para dar a paso a unos nuevos.

Debo confesar que me alegré. Me alegré cuando me enteré, hace un tiempo, de que vuelven a estar de moda las curvas. Pensé “esta es la mía, ahora si que voy a ser de las guapas”. Me alegré porque pensé que por fin la llamada industria de la moda abría lo ojos y reconocía nuevas formas de belleza. Pero luego me di cuenta de que, en vez de una ampliación de los valores estéticos, se trataba de un simple recambio.

Reales, pero no verdad

La estandarización de la belleza permite que esta pueda ser valorada de manera más o menos objetiva (a la mierda aquello de que “sobre gustos no hay nada escrito”), que sea traducida a valores numéricos y que, por lo tanto, se le ponga un precio. Se convierte así en un bien de consumo.

Los cánones son reales, afectan a nuestras vidas diarias. Influyen en nuestra autoestima y, por consiguiente, en nuestra manera de relacionarnos con los demás. Se transforman en valores universales y se les dota de un carácter casi “natural”, externo al ser humano, incontestable. Pero no son verdad. Se trata de productos sociales que cambian en el tiempo y el espacio. Y también la voluntad humana los puede cambiar.

No creo que se puedan destruir por completo, pero si se puede escoger entre sacralizarlos y hacerlos incuestionables o promover la libertad, la diversidad. Podemos escoger fomentar la capacidad de la persona para desarrollar un gusto y un pensamiento propios. El canon dificulta la construcción crítica de nuestras ideas al dar por hechos principios que, ni son demostrables ni tienen efectos positivos en el desarrollo personal de cada una de nosotras.

Los cánones estéticos son antiartísticos, antidemocráticos y antihumanos.

 


 

Beautiful. Beautiful you, today, and yesterday and tomorrow. Beautiful are your full and dark, thin and pale lips. Beautiful both thin and bony, and beautiful is your curvy belly. Beautiful are your loving soft hands and hers, so slender. Who am I to say so? ‘Who’ is always singular and classifies the other. I dare to say what is beautiful, because I’ve seen the rest do so. Why, didn’t you realise? Haven’t you seen them? They’re everywhere. They call them CANONS, beauty canons.

Canon is the limit

Canons define and limit beauty; they establish the line between what is nice and what is ugly. Thus they become a source of truth and (pseud)social knowledge. They go further, they reach the individual. They sneak in his eyes and put filters in his world conception. They also mark our self-esteem, the perception of our own value. I understand beauty as a large and expansive concept, which does not have a unique form of manifestation. We could describe it as uncontrollable since it develops without a fixed pattern. Canon is the limit. It reduces the concept of beauty until it becomes a simple conjunction of variables, a mathematic calculation which is then exclusive instead of inclusive, an element of social segregation instead of cohesion. Canon makes beauty predictable because it establishes beforehand the necessary conditions to be beautiful. There’s no surprise if we dictate a fix, strict and immobile mould which you must accomplish to be beautiful.

Canon reduces the concept of beauty and makes it predictable

It’s not a problem of our time only. There were not better times because always, in every time and every place of our history, some particular beauty standards have existed. Up to a certain point it is inevitable that the appearance of social tendencies, collective values end up defining individual values. That is neither something we can control nor is there anyone to blame. But we can decide between promoting those principles or letting them follow their vital cycle without giving them the attention. When I say their vital cycle I refer to the volatility of those aesthetic values, which are born, live for some time as if they were absolute, and die to let new ones come while nobody notices.

I must confess it made me happy when I found out, some time ago, that curves are fashionable again. I thought “that’s my moment, now at last I will be among the pretty girls”. It made me happy because I thought that, finally, the fashion industry was opening her eyes and recognised new beauty forms. But later, I realized, instead of an extension of the aesthetic values, it was nothing more than a spare.

Real but not true

Beauty standardization tallies out value in a more or less objective way (fuck the subjectivity of beauty). It can then be translated into numeric values and so given a price. Thus, beauty becomes a consumer good.

Canons are real, they affect us in our daily lives. They influence our self-esteem and so the way we relate to others. They become universal values and are considered as “natural”, external to humanity, incontestable. But they are not true. They are social products which change over time and space, and human will can change them.

I don’t think they can be totally destroyed, but we can choose between making them unquestionable, sacralizing them, or promoting freedom and diversity. We can choose to foment the individual ability for one to develop his own taste and thinking. Canon makes difficult the critical growth of our ideas by taking for granted principles which are not demonstrable and don’t have positive effects on each one’s personal progress.

Aesthetic canons are antiartistic, antidemocratic and antihuman.

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